sábado, 24 de diciembre de 2011

Práctica de edición

La Opinión
La fotografía de la portada de La Opinión difiere de la noticia principal referente a política nacional. En ella se ve del partido del fin de semana del Real Murcia y está cedida por la agencia Lof. En la mancheta y la publicidad que le acompaña a pie de página de La Opinión predominan el rojo y el blanco. Donde más fotos hay ubicadas es en la sección de Cultura y las páginas deportivas. Es un periódico que hace un escaso uso de la iconografía, pero, en cambio, la fotografía cobra gran relevancia e intercala imágenes en blanco y negro con otras en color. El medio murciano aglutina imágenes tanto de fotógrafos propios entre los que destacan Gloria Nicolás, Pascual Aguilera, Juan caballero, Manuel Almodovas o Javier Conesa, como de agencias de noticias, especialmente, en la sección de deportes.
En comparación con otros medios de tirada nacional, a penas encontramos publicidad y la que hay, ocupa una hoja entera o va situada generalmente a pie de página o funcionando de filete para separar la información.

La Razón
En este caso la fotografía principal no hace referencia directamente al titular pero sí existe un nexo en cuanto al tema que ocupa: El conflicto con el País Vasco. Las dos primeras páginas abren con la sección de opinión y, como suele ser usual, no encontramos fotografías. Las siguientes son del apartado internacional. Aquí, se abre una subsección llamada Foto-matón, llevada a cabo por el fotógrafo Julián Redondo, donde nos topamos con grandes instantáneas que ocupan todo el ancho de página. A pesar de su carácter marcadamente sugestivo –casi artístico- y suficientemente aclaratorio, sorprende que no vayan acompañadas de un pie de foto. La mayor parte de las fotografías del resto de secciones pertenecen a la agencia Efe.
La publicidad abunda ocupando páginas enteras o bien, un cuarto o media página. A diferencia de La Opinión, salvo alguna excepción, no funciona de separador entre noticias.
La iconografía , principalmente en la sección de economía, juega un papel fundamental a la hora de desgranar la información de manera limpia y ayudar a situar al lector en el contexto de la noticia.
La fotografía de la sección deportiva, como en casi todos los medios españoles, hace gala de gran expresividad aunque queda bastante al margen en comparativa con el trato que hace La Opinión y El País.

El País
La portada, en este caso, va estrechamente ligada a la única foto que aparece en portada referente al caso Urdangarín.
En la primera sección, la sección internacional, encontramos fotos cedidas por agencias que ya habíamos visto en La Razón aunque con distinta nitidez y a distinta escala.
Como curiosidad, decir que a diferencia de los periódicos anteriormente analizados, en los pies de algunas fotos relativas a la actualidad internacional, aparece el nombre del fotógrafo corresponsal.
A lo largo de las distintas secciones reina la armonía visual, la sutileza, la sobriedad y el equilibrio no solo por el excelente diseño de la puesta en página sino también por la calidad de las fotos y la manera en la que están expuestas.
La mayoría de esas fotos expresan el carácter más humano de la noticia de forma, como ya he dicho, especialmente expresiva. El País es un periódico que otorga gran valor al contenido visual.
Como en La Razón, se hace un desmesurado uso de la publicidad aunque de manera más coherente y ordenada.
La sección de deportes nuevamente y, junto con la de cultura, es la más elocuente a nivel visual, aunque no por ello, evidentemente, la más profunda.

Conclusiones
Resulta casi imposible definir el estilo fotográfico de un periódico: Generalizar es complicado cuando en un mismo medio se tocan distintos temas, de distintas forma y con distintos fotógrafos cada día. A pesar de todo, gracias a este análisis, si podemos intuir una línea propia de selección de imágenes, de libro de estilo de fotoperiodismo, de cierta actitud visual característica de cada medio. Podríamos concluir, por ejemplo, en que La Razón hace un notable uso de la imagen a través de grandes panorámicas que ponen el acento en captar el instante que mejor defina la información que expone. La Opinión no subestima la función informativa de la fotografía pues cuenta con un gran abanico y, pese a que no cuenta con el despliegue de medios de los otros dos, encontramos fotos muy sugerentes. El País, de entre los tres, desde mi punto de vista, es el periódico que mejor uso hace de la fotografía ya que cuida al más mínimo detalle absolutamente todo lo referente a la antomía de la escena y al marco tipográfico que no son otra cosa que las palabras que lo rodean. Algunas noticias de este periódico bien podrían contarse o estar basadas en la propia fotografía que las acompaña como mero objeto de contextualización.

sábado, 17 de diciembre de 2011

El desnudo fotográfico


Todavía hoy, la mayoría de personas no sabe distinguir el desnudo pornográfico y el desnudo artístico. Cuando aparece la enésima famosa en la portada de Playboy, el consumidor, o más bien quien ve las fotos en Internet (porque piensa que Internet se inventó para eso), no las suele contemplar con afán artístico, son tratadas de forma banal. Pero el desnudo puede ser un arte tan legítimo como cualquier otro. De hecho, desde el inicio del arte, el desnudo ha desempeñado un papel muy importante en su evolución. Desde la Prehistoria hasta ahora, el desnudo se ha reflejado en pinturas y esculturas y en algunas de las obras más reconocidas por todos, como las pinturas de Rubens o el David de Miguel Ángel.

El desnudo fotográfico nace prácticamente junto a la propia fotografía en el siglo XIX, ya que su capacidad para fotografiar un cuerpo humano al natural era el deseo de muchos artistas anteriores. Se percibió enseguida que la fotografía era un medio artístico como cualquier otro, que requería algo más que pulsar un botón un esperar. El fotógrafo necesitaba tener unos conocimientos mínimos de técnica para hacer un buen trabajo, capturaba el instante, cosa que no podían hacer los pintores o escultores, pero eso requería un buen manejo de sus habilidades. También es cierto que muchos fotógrafos reconocen la influencia que tuvo sobre ellos cierto artista que retrataba desnudos, por lo que tener un amplio abanico de influencias también es una obligación.

Los fotógrafos nunca quieren hacer fotos banales, pornográficas, por lo que existe el desnudo fotográfico artístico. El objetivo de este tipo de instantánea es capturar la esencia del cuerpo humano que fotografías, con sus virtudes y defectos. Esa fascinación por la belleza del cuerpo humano siempre está presente en nuestra naturaleza, y el trabajo del fotógrafo es mostrarlo tal y como es, poniendo todo su talento en ello. Sin embargo, en el siglo XX el desnudo fotográfico fue relegado a un segundo plano por considerarse inmoral para la puritana sociedad de la época. Suerte que actualmente está plenamente aceptado por casi todos los sectores de la sociedad (seguramente gracias a la cantidad de celebrities que han posado sin ropa delante de una cámara), aunque el desnudo se está explotando mucho en según que sectores del arte de manera totalmente gratuita.

El desnudo fotográfico es síntoma de una sociedad libre. No tiene porque ser inmoral, pocas cosas hay más naturales que un cuerpo humano desnudo. Tampoco podemos permitir que la sexualidad y el erotismo desaparezcan sin más, están dentro de nosotros y no deben esconderse, todos somos humanos. Por desgracia, hay sociedades que siguen castigando este acto con la pena de muerte. No podemos hacer otra cosa que condenar este tipo de medidas medievales e inquisidoras.

"La sombra del iceberg"

La sombra del Iceberg expone las controversias surgidas en torno a una de las fotografías más famosas de la historia tomada en nuestro país durante la Guerra Civil: El miliciano.

El documental propone una investigación que cuestiona la veracidad de la mítica imagen de Robert Capa y transcurre por distintas vías: 

La primera y más importante, referente a la anatomía de la foto; la segunda, establece un concienzudo análisis histórico; y la tercera, consecuencia de esta última, pone en tela de juicio el rigor de las distintas declaraciones y documentos encontrados. Es decir, el análisis del análisis.

El informe del anatómico-forense no deja lugar a dudas: “Estoy convencido moralmente de que se trata de dos hombres distintos”. A pesar de la sombra y el extraño gesto del rostro, si uno mira con detenimiento, encuentra bastante evidentes las diferencias físicas entre el miliciano muerto y Federico Borrell, especialmente en las partes de los labios, dientes y manos. A esto hay que añadir que la posición resulta confusa y antinatural dada la dirección y la potencia de los impactos de bala.

Por si esto fuera poco, gracias a una foto de Federico Borrell tomada en el 37, queda demostrado que ya era “todo un hombre” (en palabras del médico) mientras que el guerrillero retratado de tan singular forma, según el forense, a penas rondaría la edad de veintidós.

Dada la luminosidad de la escena, los investigadores concluyen en que la fotografía fue tomada en torno a las 9 de la mañana y no a las 5 de la tarde como explica la versión oficial. Es más, la foto pudo haberla tomado Gerda Trado, que se encontraba con él en ese mismo instante y compartían cámara.

El miliciano, de Robert Capa
El rigor histórico de la versión oficial se sustenta únicamente en un familiar que, por mera intuición, identifico a Borrell como el miliciano muerto. A través de la prensa de la época, la comparativa de imágenes, toda la documentación encontrada y las contradicciones en las versiones de la agencia Magnum y los biógrafos de Capa, se hace fácil concluir, al menos, en que ese miliciano sigue siendo anónimo y que su pose justo antes de tocar el suelo pudo ser escenificada o retocada de algún modo.

El documental aglutina distintos datos y pruebas sin la intención de desacreditar al ya suficientemente reputado fotógrafo francés, sino, más bien, lo hace desde el respeto y en aras de esclarecer los hechos en torno a una de las fotografías más míticas y representativas de la historia del fotoperiodismo, de España, de la Guerra y, al fin y al cabo, del mundo.

Cartier-Bresson y "El instante decisivo"


El ‘padre del fotorreportaje’, Henri Cartier Bresson, nació en las afueras de París, Francia, el 22 de agosto de 1908. Desde muy joven su interés estuvo en la fotografía, un arte incipiente en ese entonces, y desde siempre tuvo la lucidez de predicar que lo fundamental de una buena toma fotográfica es captar el instante decisivo, justo.
Sus fotografías son uno de los más importantes documentos que existen sobre el siglo XX, logrando captar la cotidianeidad como nadie lo ha hecho. 
Henri Cartier-Bresson
Cartier Bresson y su 35mm en mano lograron imágenes que definen toda una época. La fotografía había llegado a Cartier Bresson luego de que éste hubiera finalizado sus estudios de pintura con André Lhote en Montparnasse. En la fotografía había encontrado la manera de captar sentimientos, realismo, vida e infinidad de cosas más en un preciso instante.
Su vida como fotógrafo se caracterizó por registrar el mundo humano en su contexto. Realizó muchos viajes por el mundo entero realizando fotografía humanista desde que cofundó en 1947 la agencia Magnum Photos junto a Robert Capa, David Seymour y George Rodger.
Con los años se convirtió en el asistente del cineasta Juan Renoir y tuvo la oportunidad de aportar su trabajo también en el 7º Arte. 
La filmografía de Henri Cartier Bresson incluye 3 trabajos:

1937 – ‘Victoire de la vie’ (Victoria de la Vida) - DOCUMENTAL
Trata sobre los hospitales de España Republicana (49 min, Blanco y Negro)

1938 - “L’Espagne Vivra” (España vivirá) - DOCUMENTAL
Trata sobre la guerra civil española y la postguerra (43 min, Blanco y Negro)

1945 - Le Retour (El Retorno)
Trata sobre el retorno de los prisioneros después de la Segunda Guerra Mundial.
En 1970 decide retirarse definitivamente de la fotografía y dedicarse al dibujo. Pero su obra fotográfica pertenece conservada en Montparnasse, Francia, donde es posible visitarla y admirarla en la Fundación Henri Cartier Bresson, que creo en el año 2000 junto a su esposa Martine Frank, también fotógrafa.
Como fotógrafo tuvo le realizó retratos a celebridades tales como Henri Matisse, Edith Piaf, Pablo Picasso, Fidel Castro y Ernesto Guevara.
Además su condición de foto reportero le valió estar presente en diferentes eventos de importancia mundial como la Guerra Civil Española, la 2ª Guerra Mundial, la muerte de Gandhi, la entrada triunfal de Mao Zedong a Pekín, etcétera.
En el año 2003, previo a su muerte, interpretó el documental biográfico de su persona que Heinz Bütler dirigió. Esta película suiza se llamó ‘Henri Cartier-Bresson - Biographie eines Blicks’ El 2 de agosto de 2004 en Cereste, al suroeste de Francia, “el ojo del siglo XX”, dejó el mundo, pero su mirada a quedado registrada por suerte para el mundo. 
Comentario El instante decisivo
En el texto “El instante decisivo” Cartier-Bresson sintetiza sus inicios en el mundo de la fotografía a través del estrecho lazo que forjó entre su ojo y las distintas cámaras a lo largo de sus años.
El reputado fotógrafo francés vincula inexorablemente su estilo fotográfico a las virtudes y las limitaciones técnicas de esas cámaras. Lo hace, como en su fotografía, desde la humildad y el profundo respeto que le inspira su profesión, la de fotoperiodista, a la que entregó su vida y le sirvió de soporte para dar rienda suelta a su creatividad.
Conforme avanza el texto, el lector cada vez se siente más testigo de la entrega y el sacrificio de este apasionado fotógrafo que, sin resultar pretencioso ni esperar nada a cambio, un día estableció como única meta contar historias a través de imágenes.
Todo lo sustentó desde la idea de que este subtipo de arte fotográfico no necesita alterar el estado de cosas para acentuar las sensaciones que por sí solas son capaces de trasmitir un mensaje: “Me inspiraba, sobre todo, el deseo de atrapar en una sola imagen lo esencial que surgía de una escena.” (Cartier-Bresson).
Cartier, trató pues a la percepción como algo indispensable aunque, al fin y al cabo, secundario. Evidentemente, la foto se consigue gracias a una buena composición, al juego de luces, a la armonía visual, etc. Pero lo que realmente habla en las imágenes es la naturalidad de los actores que aparecen en éstas y, como se puede ver en las instantáneas de Cartier-Bresson, él eso lo entendía muy bien.
La experiencia personal de este fotógrafo, expuesta sin pretensiones de ningún tipo, no hace sino más que reivindicar la importancia social del artista destinado a contar la realidad. Además, sirve de inspiración para todo entusiasta amateur de esta destreza que, tan solo a veces consigue ser poética, pero siempre resulta necesaria.

Fuentes: Swingalia | Fotonostra | Fotografía del natural Henri Cartier-Bresson

jueves, 15 de diciembre de 2011

Stanley Kubrick, el fotógrafo que pudo ser y no fue


Stanley Kubrick es uno de los directores más reconocidos y polémicos de la historia del cine. El autor de obras como 2001: Una Odisea del Espacio, La Naranja Mecánica o El Resplandor, por nombrar algunos de sus films más conocidos, es tan amado como odiado por los millones de cinéfilos alrededor del globo. Desde los que le consideran un maestro adelantado a su tiempo hasta los que le califican como aburrido y demasiado cerebral. Pero en lo que ambos bandos coinciden casi siempre es en la habilidad visual del director neoyorkino. Su estética y puesta en escena en según que películas puede gustar o no, pero no cabe duda de que hasta sus críticos reconocen su talento. He leído incluso comentarios como “fotógrafo reciclado a director de cine”.

Y es que una de las pasiones de Kubrick desde que era un niño, junto al jazz y el ajedrez, era la fotografía, que ejercía como afición desde que sus padres le regalaron una Reflex de la que apenas se separaba. Al dejar la escuela decidió buscar trabajo como fotógrafo, y lo encontró en la revista Look. Esta revista fue coetánea de Life, también centrada en el fotoperiodismo, cuyo primer y último número datan de 1937 y 1972 respectivamente. Allí fue miembro del equipo fotográfico de la revista, y realizó más de trescientos encargos para la publicación, que en su mayoría se conservan en lugares tan emblemáticos como la Librería del Congreso o el Museo de la ciudad de Nueva York. También se publicó un libro con la mayoría de instantáneas titulado Drama and Shadows.

Al cabo de un tiempo, Kubrick decidió dedicarse a la realización cinematográfica, por lo que abandonó su trabajo a tiempo completo en la revista. A pesar de eso, su primer trabajo en cine, Day of the Fight, un documental corto sobre un boxeador, se puede considerar una extensión de uno de sus trabajos en Life, en la que hizo un reportaje fotográfico al mismo púgil. Indudablemente, el peso de la fotografía en su vida influenció mucho a sus películas. Podéis mirar los libros que hay editados sobre su obra y veréis como cada plano está tratado con un mimo especial, con una sensibilidad fotográfica, un encuadre y composición dignas de un maestro de la fotografía.

Para la historia queda la fotografía que tomó el día de la muerte del presidente de Estados Unidos Roosevelt, en 1945, un año antes de trabajar para Look. En ella, se ve a un quiosquero rodeado de portadas de los periódicos del día, que anuncian la muerte del presidente. El hombre mira hacia abajo, con el puño apoyado en una de sus mejillas, con una expresión de tristeza muy profunda. Está desolado, es el perfecto reflejo de un día triste para todos los americanos, un día en el que a ese quiosquero preferiría no estar rodeado por la muerte, ni tampoco venderla y hacer dinero con ella.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La manipulación fotográfica al servicio del totalitarismo

Los totalitarismos europeos no dejaron descuidado ningún campo que les pudiera ser de utilidad durante su periodo de auge. La fotografía era el medio iconográfico de una época en la que, a falta de la televisión, se debía transmitir de alguna manera la personalidad divina de los líderes a los ciudadanos que no podían hacer otra cosa que adorarles. Para reforzar esa divinidad y presencia imponente del dictador, a veces debían valerse de la manipulación de las imágenes. Las imágenes que explicamos aquí son solo tres de las más conocidas manipulaciones con su copia real adjunta que demuestra el engaño:


En esta instantánea vemos al fascista italiano Benito Mussolini perfectamente posicionado sobre su caballo, levantando una espada al cielo, en una pose que remite a la iconografía divina, como si de Zeus o Thor se tratara. Pero lo que más llama la atención de esta fotografía es el elemento que aparece en la parte inferior derecha de la composición, un joven sosteniendo las riendas del caballo. Obviamente, los altos mandos fascistas no iban a permitir que el pueblo pensara que su líder necesitaba la ayuda de un muchacho para que el caballo no se moviera durante la fotografía, por lo que fue eliminado posteriormente.

A Stalin se le ha llegado a considerar como el anticristo, posiblemente su reinado fue más terrorífico incluso que el de Hitler, por duración y por como llegó al poder, quitándose de en medio al favorito de su antecesor Lenin mediante medios muy discutibles. También podemos decir que uno de sus hobbies era la manipulación fotográfica. Eliminó casi todo rastro de su rival por el poder Trotsky en las imágenes, pero sin duda la que mejor refleja su personalidad es esta. En la original, vemos a Stalin paseando en primer plano, acompañado por un comisario que se sitúa a su izquierda. Este comisario es eliminado fulminantemente manipulando el negativo. ¿Por qué? Porque este hombre cuestionó las maneras de su líder, por lo que fue asesinado y borrado del mapa visual sin contemplaciones. A sangre fría, como buenos soviéticos que eran.






La foto que sigue a este párrafo, con el paso de los años y la transición democrática en España, se ha convertido en un icono casi cómico que refleja la torpe (por decirlo de algún modo) personalidad y pobre imagen del dictador español Franco. Esta instantánea se produjo en un encuentro entre los dos líderes en Hendaya. Este encuentro estaba destinado para que Franco fuera tomado en cuenta por la comunidad internacional como potencia fascista, en plena posguerra, por lo que el dictador debía brillar. Nada más lejos de la realidad. En la foto original, la de la izquierda, vemos a Franco cabizbajo, con los ojos cerrados y con una prominente papada asomando peligrosamente, además de evidenciar su corta estatura, incluso al lado de Hitler, que tampoco era muy alto. Esto no podía quedar así, de modo que la propaganda de Franco se las ingenió para que Franco apareciera sonriente, con la cabeza bien alta, incluso unos centímetros más alto.
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martes, 13 de diciembre de 2011

H. Guerrera, ganador del Premio Historias

Ghost in the City, una de las fotografías de H. Guerrera
El pasado domingo, El País Semanal  publicó una colección de instantáneas del fotógrafo Héctor Guerra Hernández llamada Entre nubes. En el reportaje se hablaba del método de trabajo del fotógrafo, ganador del Premio Historias del Instituto Cervantes, que forma parte del Concurso Internacional de Fotografía Universo en Español que organiza el suplemento.

En el reportaje, Héctor Guerra habla de su pasión por la arquitectura, y nos explica que, bajo su punto de vista, incluso se puede apreciar mejor lo que el arquitecto quiere expresar con su edificio observándolo desde una buena fotografía que viéndolo en persona. Dado lo estáticos que son los edificios, el fotógrafo realiza fotografías de larga exposición (de entre 400 y 500 segundos), para captar el movimiento de las nubes. En sus propias palabras: “cuanto más se mueve el cielo, más quieto parece algo, realzando los objetos”.

A sus 35 años, el fotógrafo se ha recorrido la geografía española buscando los edificios más emblemáticos e inspiradores: Las Palmas de Gran Canaria, Madrid, Bilbao o Barcelona son algunas de las ciudades cuya arquitectura podemos ver en Entre nubes.

Sin embargo, y aunque ya es tarde para conseguir el ejemplar del domingo de El País Semanal, no lo es para comprarlo los próximos domingos, en los que se mostrarán las colecciones fotográficas de los otros dos premiados del Concurso. El ganador del Premio Retrato Solo Loewe ocupará con sus fotografías las páginas de El País Semanal el próximo día 18 de diciembre, y el día 31, sabremos quién es el ganador del Premio de los Lectores, en lo que sin duda es una loable apuesta del suplemento de El País por la difusión de la fotografía.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Ron Gaella, el paparazzi artístico


Mi idea de una buena fotografía es que esté enfocada y que muestre a alguien famoso haciendo algo infame, por eso mi fotógrafo favorito es Ron Galella”. Estas son las declaraciones de uno de los artistas más personales y admirados del siglo XX, Andy Warhol. Este estadounidense es el referente principal del arte pop, y si lo pensamos, podríamos llegar a la conclusión de que Ron Galella también hacía arte pop con la fotografía. Retratar a las celebridades de la época se acaba convirtiendo en un ejercicio de cultura pop, que entonces no era una acepción conocida, pero si este pionero ejerciera ahora (todavía vive aunque está retirado), se hablaría de él como fotógrafo pop sin ninguna duda.

Galella fue el pionero en un estilo fotográfico que actualmente está totalmente prostituido, en el que ya no se buscan las buenas fotografías, sino el morbo fácil y la polémica, el de los paparazzi. Trabajó en multitud de revistas y periódicos, en los que realizó una cantidad de fotografías innumerables. Algunos de estos medios fueron Time, Life, Rolling Stone, The New York Times o Vogue. Galella perseguía sin cesar a los famosos, era su pasión. Les fotografiaba a escondidas, o preparando una estrategia con todo su empeño, y alguna vez se llevó algún que otro regalo, como cuando Marlon Brando le golpeó mientras el fotógrafo trataba de captarlo con su cámara, rompiéndole la mandíbula y quitándole unos cuantos dientes. Galella aprendió la lección y la próxima vez que fue a por Brando, lo hizo con un casco reglamentario. Pero a pesar de lazo que le unía con Brando, su obsesión era Jackie Kennedy, mujer del Presidente estadounidense John Kennedy. Tuvo muchas disputas legales con ella por el constante uso de su imagen, que nos regaló algunas de las diapositivas más elegantes y bellas de la que fuera Primera Dama, como la que captó mientras andaba por la calle, mirando a cámara con una leve sonrisa mientras el viento hace balancear su pelo.

Galella ha recibido una cantidad inmensa de homenajes y exhibiciones de su obra, ha publicado varios libros con sus fotografías, y los museos más prestigiosos del mundo, como el Tate Modern o el Moma, se pelean por albergar sus fotos en sus galerías. Este mismo año estuvo en PhotoEspaña, donde hicieron una retrospectiva de su obra. Galella es el pionero de un género fotográfico que podría haber sido y no fue, un género que ya no está interesado en el arte, sino en vender lo máximo posible a cualquier precio. De hecho, reconoce que no le gustaría ejercer hoy el oficio que lo encumbró porque no se hace de manera honesta y los famosos de ahora no son como los de antes, aunque le gustaría fotografiar a unos pocos.

Fuente: El Mundo

viernes, 9 de diciembre de 2011

La "amenaza" del XQD

Imágen promocional de ACF
Hasta ahora, la tecnología más habitual para almacenar fotos en las cámaras digitales había sido el uso de tarjetas SD. Recordemos que las últimas marcas en adaptarse a este nuevo formato fueron Olympus y Sony (que se aferraban a sus propios formatos de memoria), que se pasaron al SD hace ahora ya un año. Pues bien, ahora que se había popularizado su uso, la hegemonía del formato parece estar en peligro, ya que la Asociación CompacFlash ya ha anunciado la llegada de un nuevo formato de tarjetas de memoria: el XQD, que además pretende instalarse como el modelo estándar, sobre todo, para los fotógrafos profesionales.

Su tamaño (38,5 x 29,8 x 3,8 mm) es similar al de las tarjetas SD, aunque algo mayor (32 x 24 x 2,1 mm). La principal ventaja que ofrecen estas tarjetas con respecto al conocido formato es su velocidad de transferencia*, que estará en torno a los 125 MB/s, mientras que sólo las tarjetas SD más potentes alcanzaban los 100 MB/s. De hecho, las tarjetas XQD tienen un potencial máximo de 625 MB/s. La mejora es indudable en este aspecto. Sus fabricantes también aseguran que el formato de estas tarjetas es más resistente y duradero, y la interfaz utilizará un sistema PCI Express, al que debe su gran velocidad.

A primera vista parecen todo ventajas, pero las quejas no se han hecho esperar. Según parece este sistema se empezará a implantar en próximos modelos (las licencias se conceden a principios del año que viene), aunque todavía no sabemos con qué contundencia. El principal problema es que, con la implantación de este nuevo formato, se pierde la universalidad del SD. La misma tarjeta que podía servir para todas nuestras cámaras ahora puede no ser suficiente, ya que de momento no se ha hablado de que las tarjetas XQD sean compatibles con ranuras SD (y tampoco sabemos si los lectores de tarjetas de cualquier ordenador podrán leerlas).

Fuente: XatakaFoto | Gizmos

*La velocidad de transferencia es la velocidad con la que las fotos se descargan desde la tarjeta al ordenador.

martes, 6 de diciembre de 2011

Fotografía ganadora del WPF 2007



El ganador del prestigioso WorldPress Photo 2007 fue el fotoperiodista británico Tim Hetherington, en un reportaje hecho para la revista VanityFair. La fotografía muestra a un joven soldado estadounidense recostado, cubriéndose la mitad del rostro con una mano, mientras agarra su casco con otra, mientras su cara refleja el momento de angustia por el que está pasando. La imagen está tomada en el bunker Restrepo, una base americana situada en el valle Korengal de Afganistán. Este valle es famoso por ser todo un cementerio durante la guerra de Afganistán, donde acontecen los combates más duros entre ambos bandos.

Esta fotografía es un buen preludio para lo que vendría después de manos de Hetherington, ya que recoge la esencia de su documental, codirigido por él junto al periodista Sebastian Junger, titulado Restrepo. En él, se relatan las vidas del pelotón de soldados que viven en esa zona potencialmente peligrosa. En esta fotografía escalofriante, vemos al soldado con una expresión mitad exhausta, mitad perpleja, ambas reforzadas por la mano que le cubre la mitad de su cara. Obviamente, está cansadísimo después de un día completo de combate, pero también tiene esa mirada que parece gritar “¿qué hago yo aquí?”, pregunta que todo soldado se hace en la base de Restrepo. Los detalles técnicos de la fotografía no tienen mucha importancia, la composición no tiene nada reseñable aparte de del buen encuadre y el detalle de la mano y la cabeza en movimiento. Simplemente hay que reseñar la luz de la escena, que hace que el suelo, la tienda y el soldado prácticamente se fundan. Además de ser una luz grisácea muy adecuada para esta instantánea, esos colores sepias transmiten inmediatamente sensación de malestar, incluso de peligro.

Es una imagen crítica como pocas, un ejemplo de cómo criticar una situación sin palabras, situación que por desgracia todavía hoy sigue vigente, puesto que esta guerra totalmente estúpida se está librando todavía, diez años después de su inicio. Ni los soldados, jóvenes que casi no llegan o superan por poco la edad de votar en su país, saben que están haciendo ahí. Ya no están luchando por su patria, por lo único que luchan es por sobrevivir y volver a ver a sus familias algún día. Esta fotografía es todo un hito en la carrera de Hetherington, que tristemente falleció el pasado 20 de abril, a la edad de cuarenta años, mientras cubría la guerra Libia, alcanzado por fuegos de mortero. Siempre nos quedará su trabajo para recordarle.