La sombra del Iceberg
expone las controversias surgidas en torno a una de las fotografías
más famosas de la historia tomada en nuestro país durante la Guerra
Civil: El miliciano.
El documental propone una
investigación que cuestiona la veracidad de la mítica imagen de
Robert Capa y transcurre por distintas vías:
La primera y más
importante, referente a la anatomía de la foto; la segunda,
establece un concienzudo análisis histórico; y la tercera,
consecuencia de esta última, pone en tela de juicio el rigor de las
distintas declaraciones y documentos encontrados. Es decir, el
análisis del análisis.
El informe del
anatómico-forense no deja lugar a dudas: “Estoy convencido
moralmente de que se trata de dos hombres distintos”. A pesar de la
sombra y el extraño gesto del rostro, si uno mira con detenimiento,
encuentra bastante evidentes las diferencias físicas entre el
miliciano muerto y Federico Borrell, especialmente en las partes de
los labios, dientes y manos. A esto hay que añadir que la posición
resulta confusa y antinatural dada la dirección y la potencia de los
impactos de bala.
Por si esto fuera poco,
gracias a una foto de Federico Borrell tomada en el 37, queda
demostrado que ya era “todo un hombre” (en palabras del médico)
mientras que el guerrillero retratado de tan singular forma, según
el forense, a penas rondaría la edad de veintidós.
Dada la luminosidad de la
escena, los investigadores concluyen en que la fotografía fue tomada
en torno a las 9 de la mañana y no a las 5 de la tarde como explica
la versión oficial. Es más, la foto pudo haberla tomado Gerda
Trado, que se encontraba con él en ese mismo instante y compartían
cámara.
El rigor histórico de la
versión oficial se sustenta únicamente en un familiar que, por mera
intuición, identifico a Borrell como el miliciano muerto. A través
de la prensa de la época, la comparativa de imágenes, toda la
documentación encontrada y las contradicciones en las versiones de
la agencia Magnum y los biógrafos de Capa, se hace fácil concluir,
al menos, en que ese miliciano sigue siendo anónimo y que su pose
justo antes de tocar el suelo pudo ser escenificada o retocada de
algún modo.
El documental aglutina
distintos datos y pruebas sin la intención de desacreditar al ya
suficientemente reputado fotógrafo francés, sino, más bien, lo
hace desde el respeto y en aras de esclarecer los hechos en torno a
una de las fotografías más míticas y representativas de la
historia del fotoperiodismo, de España, de la Guerra y, al fin y al
cabo, del mundo.


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