jueves, 15 de diciembre de 2011

Stanley Kubrick, el fotógrafo que pudo ser y no fue


Stanley Kubrick es uno de los directores más reconocidos y polémicos de la historia del cine. El autor de obras como 2001: Una Odisea del Espacio, La Naranja Mecánica o El Resplandor, por nombrar algunos de sus films más conocidos, es tan amado como odiado por los millones de cinéfilos alrededor del globo. Desde los que le consideran un maestro adelantado a su tiempo hasta los que le califican como aburrido y demasiado cerebral. Pero en lo que ambos bandos coinciden casi siempre es en la habilidad visual del director neoyorkino. Su estética y puesta en escena en según que películas puede gustar o no, pero no cabe duda de que hasta sus críticos reconocen su talento. He leído incluso comentarios como “fotógrafo reciclado a director de cine”.

Y es que una de las pasiones de Kubrick desde que era un niño, junto al jazz y el ajedrez, era la fotografía, que ejercía como afición desde que sus padres le regalaron una Reflex de la que apenas se separaba. Al dejar la escuela decidió buscar trabajo como fotógrafo, y lo encontró en la revista Look. Esta revista fue coetánea de Life, también centrada en el fotoperiodismo, cuyo primer y último número datan de 1937 y 1972 respectivamente. Allí fue miembro del equipo fotográfico de la revista, y realizó más de trescientos encargos para la publicación, que en su mayoría se conservan en lugares tan emblemáticos como la Librería del Congreso o el Museo de la ciudad de Nueva York. También se publicó un libro con la mayoría de instantáneas titulado Drama and Shadows.

Al cabo de un tiempo, Kubrick decidió dedicarse a la realización cinematográfica, por lo que abandonó su trabajo a tiempo completo en la revista. A pesar de eso, su primer trabajo en cine, Day of the Fight, un documental corto sobre un boxeador, se puede considerar una extensión de uno de sus trabajos en Life, en la que hizo un reportaje fotográfico al mismo púgil. Indudablemente, el peso de la fotografía en su vida influenció mucho a sus películas. Podéis mirar los libros que hay editados sobre su obra y veréis como cada plano está tratado con un mimo especial, con una sensibilidad fotográfica, un encuadre y composición dignas de un maestro de la fotografía.

Para la historia queda la fotografía que tomó el día de la muerte del presidente de Estados Unidos Roosevelt, en 1945, un año antes de trabajar para Look. En ella, se ve a un quiosquero rodeado de portadas de los periódicos del día, que anuncian la muerte del presidente. El hombre mira hacia abajo, con el puño apoyado en una de sus mejillas, con una expresión de tristeza muy profunda. Está desolado, es el perfecto reflejo de un día triste para todos los americanos, un día en el que a ese quiosquero preferiría no estar rodeado por la muerte, ni tampoco venderla y hacer dinero con ella.

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