Stanley Kubrick es uno de los directores más reconocidos y
polémicos de la historia del cine. El autor de obras como 2001: Una Odisea del Espacio, La Naranja Mecánica o El Resplandor,
por nombrar algunos de sus films más conocidos, es tan amado como odiado por
los millones de cinéfilos alrededor del globo. Desde los que le consideran un
maestro adelantado a su tiempo hasta los que le califican como aburrido y
demasiado cerebral. Pero en lo que ambos bandos coinciden casi siempre es en la
habilidad visual del director neoyorkino. Su estética y puesta en escena en
según que películas puede gustar o no, pero no cabe duda de que hasta sus
críticos reconocen su talento. He leído incluso comentarios como “fotógrafo
reciclado a director de cine”.
Y es que una de las pasiones de Kubrick desde que era un
niño, junto al jazz y el ajedrez, era la fotografía, que ejercía como afición
desde que sus padres le regalaron una Reflex de la que apenas se separaba. Al
dejar la escuela decidió buscar trabajo como fotógrafo, y lo encontró en la
revista Look. Esta revista fue
coetánea de Life, también centrada en
el fotoperiodismo, cuyo primer y último número datan de 1937 y 1972
respectivamente. Allí fue miembro del equipo fotográfico de la revista, y
realizó más de trescientos encargos para la publicación, que en su mayoría se
conservan en lugares tan emblemáticos como la Librería del Congreso o el Museo
de la ciudad de Nueva York. También se publicó un libro con la mayoría de
instantáneas titulado Drama and Shadows.
Al cabo de un tiempo, Kubrick decidió dedicarse a la
realización cinematográfica, por lo que abandonó su trabajo a tiempo completo
en la revista. A pesar de eso, su primer trabajo en cine, Day of the Fight, un documental corto sobre un boxeador, se puede
considerar una extensión de uno de sus trabajos en Life, en la que hizo un reportaje fotográfico al mismo púgil.
Indudablemente, el peso de la fotografía en su vida influenció mucho a sus
películas. Podéis mirar los libros que hay editados sobre su obra y veréis como
cada plano está tratado con un mimo especial, con una sensibilidad fotográfica,
un encuadre y composición dignas de un maestro de la fotografía.
Para la historia queda la fotografía que tomó el día de la
muerte del presidente de Estados Unidos Roosevelt, en 1945, un año antes de
trabajar para Look. En ella, se ve a
un quiosquero rodeado de portadas de los periódicos del día, que anuncian la
muerte del presidente. El hombre mira hacia abajo, con el puño apoyado en una
de sus mejillas, con una expresión de tristeza muy profunda. Está desolado, es
el perfecto reflejo de un día triste para todos los americanos, un día en el
que a ese quiosquero preferiría no estar rodeado por la muerte, ni tampoco
venderla y hacer dinero con ella.

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